
Sin estetizantes ni edulcorantes, sin la voluntad de que las imágenes documentales de sus acciones se conviertan en bellos cuadritos museables (o incluso coleccionables), el colectivo Art-in-box trabaja desde presupuestos performativos con frescura, lucidez, sensibilidad social y un sentido del humor nada habitual. Reventar moscas disparadas con una escopeta de aire comprimido contra una diana ante la mirada atónita de los clientes de un café (Magia con moscas), recubrir el cuerpo de un performer con fiambres que algunos incautos se atreven a degustar (La carne es débil), ofrecerse como diana, blanco móvil y escudo humano a un grupo de jugadores de dardos (El hombre invisible de Guantánamo trabaja de diana humana), o perforar un glande con un candado como si de un peircing de castidad se tratase (El candado y el príncipe); acciones que más allá de su obvio carácter lúdico y de su capacidad de provocación pretenden ayudarnos a pensar nuestra realidad, haciendo que nos levantemos de la silla y movamos nuestro culo indiferente.
“Vanguardia vital, anónima y artivista”. Anulación del yo artístico, ése que habitualmente se apunta los tantos en nuestro sistema cultural. Aquí no hay onanismos que valgan (a excepción, claro, de MMM loves USA), ya no se trata de interpretar el gesto subjetivo de un autoproclamado artista, no hay que bucear en las entrañas de un creador pedante y engreído ni apelar a teorías abstrusas para dar un sentido a lo que vemos. Art-in-box huye de actitudes grandilocuentes, pone el arte al alcance de cualquiera y lo hace no con la boca pequeña, sino con acciones directas y contundentes que demuestran la vigencia de aquella máxima beuysiana: “cada hombre un artista”. Ésta es la línea directriz de Todos somos unos freaks, acción en la que Art-in-box invitaba a personas anónimas a mostrar ante la cámara aquella parte de sus anatomías que considerasen más especial, bella y extraña. El resultado es un conjunto de imágenes que conforman un gran cuerpo fragmentado, peculiar e irrepetible, abierto y democrático. Un cuerpo social inacabado que salta por encima de los dichosos quince minutos de gloria movilizando a casi cien personas dispuestas a mostrarse diferentes pero iguales, sin pudor ni complejos, en un todo vivo en el que, como en el arte, como en la vida, cualquiera puede participar.
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